Perdido en este mar de sentidos, que inunda mi temple y mi ser entero, se pierde como la gota de lluvia en mar adentro, y se vuelve tristeza amarga que se siente en el paladar, como sed taciturna a medio saciar. Perdido… como el ladrido vago y sin sentido del perro callejero, que surge de sus entrañas malogradas, hacia el vacio silencio. Tormenta sombreada, que imitas con estrépito todo el haber de mi alma… ¿quién no está perdido? Perdido entre reglas y manuscritos, entre palabras y sensaciones, entre grandezas y miradas, entre teoremas que llegan a cada fibra de este ente que aquí pasa por la vida, y que no es más que elementos químicos ordenados admirablemente, pero que finalmente sucumbirán a la eternidad, finalmente formaran parte de la lluvia, y caeré en silencio insondable, y seré todo lo que siempre fui, seré nada…
Illa nata ego
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