martes, 19 de enero de 2010

Escucho el silencio...

Escucho el silencio, y siento que quiero vomitar, porque estoy harto, harto de los mismos aromas, de los mismos días, de los mismos conceptos, de la soledad y de la compañía, y de ese silencio, simplemente me satura, destruye cada fibra de cordura y la vuelve una repulsiva arcada.
Escucho ese silencio, y siento que quiero escapar, escapar de esta realidad, de este orden, de esta estructura, ya siento que incluso, de alguna manera me ha contaminado con su hediondez, con ese silencio que acota mi mente, la encierra en un hoyo liliputiense de tedio insufrible, siento que me corre por las venas esa peste, este repugnante mar de nada... pero aún así, lo que más me enferma, es ese silencio, me pudre lentamente las entrañas hasta la más artera locura, me hunde en una incomodidad simplemente silenciosa...
Escucho el silencio, cansado, agotado, abrumado por un surrealismo que quema la carne, la deforma en un espectáculo de inescrupulosa malformación, la vuelve un cadáver, la vuelve formol, la vuelve una vil y morbosa cárcel de excremento...
Escucho el silencio, y siento que nada podrá sacarme de aquí...

Illa nata ego.

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